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lunes, 3 de junio de 2024

GIOCONDA BELLI

Gioconda Belli y María José Bruña Bragado
Fotografía
de
Daniel Mordzinski

 

PUNTOS DE FUGA

 
 
Parir el alba
Gioconda Belli
Introducción y edición de María José Bruña Bragado
XXXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana
Ediciones Universidad de Salamanca Patrimonio Nacional
Salamanca, 2023
 
   El 29 de mayo de 2023 la escritora nicaragüense Gioconda Belli (Managua, 1948) conseguía el XXXII Premio Reina Sofía de poesía Iberoamericana. Asentada en España desde hace años, tras la deriva dictatorial del gobierno de su país, la poeta impulsa una escritura comprometida, sólida y de calado emocional que hace de la indagación confidencial una exigencia de amanecida, un punto de fuga. En Parir el alba la profesora, investigadora literaria y escritora María José Bruña Bragado, en la introducción “Elegir el vértigo”, recorre el discurso poético de una creadora que cultiva una pluralidad de estrategias expresivas: poesía, novela, autobiografía, ficción infantil, artículos de prensa y memorias, con un ideario conceptual abierto a la transversalidad y la fusión. El prólogo recuerda contingencias biográficas y la temprana dedicación a la poesía de Gioconda Belli, siempre con un carácter torrencial, proclive a la urgencia impulsiva. Esa inquietud auroral hacia el poema constata además otra cualidad sostenida: ”La exaltación de lo femenino”, una sensibilidad que repite, diluye y modifica el yo interior y asume en la página escrita un enfoque cuajado de erotismo que en su amanecida provoca rechazo en el entorno familiar próximo. La poesía es todavía un enigma de sombras y requiere magisterios como Francisco de Asís Fernández, uno de sus más tempranos apoyos literarios, José Coronel Urtecho y Carlos Martínez Rivas.
    Durante un largo periodo de su vida, el compromiso sandinista se hace vértice de la identidad. La situación política nicaragüense reivindica la acción directa y su memoria personal vive como un acontecimiento el triunfo de la revolución, tras el opaco intervalo de cuatro décadas de la dictadura somocista. El tiempo ahonda en contradicciones y desajustes; la implicación militante da paso al desencanto, el cuestionamiento y el derrumbe de cualquier utopía. El contexto histórico es otro y exige una deconstrucción del trayecto ideológico. De este intenso proceso de conciencia social se hace portavoz el pulso escrito, casi desde su despertar poético a los veinte años, como queda constancia en la entrega El país bajo mi piel. Memorias de amor y guerra.  
   La compilación Parir el alba resume el paso evolutivo de la senda lírica con una selección realizada de manera conjunta por la editora María José Bruña Bragado y la propia poeta. De inmediato se percibe la empatía entre personaje verbal y sujeto biográfico, lo que subraya la palpitación intimista y confidencial de una escritura que mira hacia dentro y profundiza de continuo en el viaje interior y el misterio vivencial. Como escribe la editora con atinada síntesis: ”El rasgo distintivo de la poesía de Belli es que tiene, por su esencia directa y experiencial, una suerte de habilidad para tocar las emociones ajenas (…) una suerte de transparencia entre lo subjetivo y lo orgánico exterior, lo emocional intrínseco al sujeto y lo tangible de fuera.” Así se entiende en toda su plenitud semántica el aserto elegido para titular este recorrido en el tiempo: la creación es un parto, una aurora física y natural que entrelaza dolor y gozo, materia sensitiva, densa, emocional. La palabra poética deja en el sujeto hablante una conciencia de género y un despertar en guardia que mira el entorno desde un feminismo radical y reivindicativo. La igualdad se hace premisa incontestable en el pensamiento. Vislumbrar el sentido existencial desde el lenguaje es un afán continuo entre las sombras contingentes de la temporalidad. Como asume la autora y se recuerda en el prólogo, el estar en la palabra enlaza tres postulados orgánicos: la exigencia, la experimentación y la originalidad.
   Con luminoso verbo, Gioconda Belli define la poesía como “un latido del corazón fuera del corazón”. Desde esa percepción, lo metaliterario es cauce argumental secundario frente a la facultad pensante y el vivo don de las emociones. Los versos irrumpen con fuerza sensitiva y musical para abrir alas a una dimensión confesional y subjetiva. En la poética adquiere una fuerte energía la conciencia de género, la búsqueda del yo mujer en el marco de un feminismo reivindicativo. Del mismo modo, la geografía de Nicaragua, no como entorno reductor y limitado, adquiriere un perfil armónico, marcado por la diversidad y las relaciones entre paisaje y demografía, modelando un espacio real reconocible.
   El aporte poético integrado manifiesta una nutrida diversidad temática. Como subraya en la excelente introducción María José Bruña Bragado, compone “un fresco ecléctico y plural, un caleidoscopio bastante ajustado de la creación de Belli, versátil en motivos y camaleónico en inquietudes”. El recorrido engloba, a juicio de la estudiosa, cuatro momentos escriturales. La etapa inaugural arranca con Sobre la grama (1974) y dibuja una sexualidad femenina directa y celebratoria, vinculada a la feminidad y el erotismo. En este tramo se integrarían también los libros Línea de fuego (1978), Truenos y arco iris (1982). Aunque no hay rupturas drásticas y se mantienen muchos motivos argumentales, con la entrega De la costilla de Eva (1986) hay una trasposición temática hacia la sensorialidad que suma ironía, sarcasmo y un erotismo denso en Apogeo (1998). Los poemas de Mi íntima multitud acogen la experiencia personal de la Revolución Sandinista mientras que Fuego soy, apartado y espada puesta lejos (2007) retorna a la caligrafía reflexiva del intimismo, también presente en el libro En la avanzada juventud (2013). Sirve de clausura a la selección El pez rojo que nada en el pecho (2020), un libro de madurez y conocimiento, que se cierra con algunos inéditos. 
  En suma, un nutrido viaje creador que hace de la propuesta lírica de Gioconda Belli una anábasis, un retorno hacia la conciencia para asumir lo vivido. La palabra poética se hace ejercicio de revelación; es mirada diagonal capaz de avanzar hacia dentro desde las palabras. Así nace su respiración, su propensión al hallazgo para dar solidez a la intuición. Un recorrido sólido, sin quiebras, que habla al silencio de los vínculos entre materia existencial y lenguaje, que deja en el confín del aire el latir luminoso del fuego.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 

Poeta, aforista y autor del libro Nadar en seco (Crátera, 2022)



sábado, 1 de febrero de 2020

JOAN MARGARIT. VIAJE HACIA LA SOMBRA.

Viaje hacia la sombra
Joan Margarit
Edición, introducción y selección
de
Lina Rodríguez Cacho
XXVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana
Ediciones Universidad de Salamanca Patroimonio Cultural
Salamanca, 2019

INCERTIDUMBRES


  Frente al rocoso objetivismo de los estudios críticos que posiciona la empatía en la media distancia, Lina Rodríguez Cacho, en la introducción de Viaje hacia la sombra, muestra su plena complicidad afectiva con el itinerario poético de Joan Margarit y concreta que el magnetismo arranca desde los poemas del libro Misteriosamente feliz (2009). Al analizar el contexto histórico todavía perdura aquella conmoción en el ánimo y la cercanía a la fertilidad creadora del poeta catalán nacido en Sanaüja (Lleida), en 1939. La investigadora reivindica también el placer del texto; de modo que su estudio no está nunca lastrado por el pie de página y la nota erudita y abundan, en cambio, los poemas que clarifican  ideas o llevan a escena consideraciones biográficas.
  En palabras de Lina Rodríguez Cacho Viaje hacia la sombra es una colección de amparos –qué hermosa definición sobre el sentido catártico de la poesía- expuesta con dureza y claridad. Sobrevuela la lucidez de quien conoce los laberintos interiores, sus relieves y contraluces, sometidos a un intenso ejercicio de introspección. Así nace un quehacer que arranca en 1968, con el libro Cantos para la coral de un hombre solo, publicado cuando el poeta tenía 23 años. Todavía es un mero ejercicio de tanteo que no refleja las connotaciones plurales que alcanzará en el devenir la creación poética. Desde 1963 a 1979 suma cuatro libros, de los cuales será Crónica la entrega epifánica, un título de amanecida porque en sus poemas se oye la voz singular que anticipa los pasos siguientes, ya escritos en catalán y sometidos a severa revisión. Los poemas supervivientes se acogen en Restos de aquel naufragio y bajo ese rótulo se integrarán como versión definitiva en su obra completa.   
  Su tenacidad bilingüe cimenta un ideario estético que en Viaje hacia la sombra se organiza en seis estancias. La producción se agrupa temáticamente, superando el flujo continuo de cada poemario y su discurrir diacrónico. Las estancias son cuartos interiores, “residencias prolongadas del poeta en determinados lugares de la memoria, de los afectos, del dolor y aun de la desolación”, una crecida verbal sin ataduras preconcebidas y sin moldes divisorios. La casa conforma un completo plano de habitaciones y puntos alternativos en los que habita el hablante lírico, casi siempre en un estado de incertidumbre.
  Los espacios argumentales arrancan con “Ciudades: querencias, heridas”. Es innegable el absoluto predominio de una poesía urbana en la lírica de Margarit, pero el molde cívico resulta complejo y contradictorio; a veces es Barcelona la ciudad arquetípica; y el poema explora sus lugares más conocidos, aunque sin apuntes idealizados; otras veces la ciudad es un espacio erosivo, de soledad y decepción, o un lugar habitable que cobija esas historias de amor atemporales que sobreviven en la evocación oscurecida.
  Tras la guerra civil, en la larga etapa de la autarquía, confluyen el maltrecho deambular colectivo y la desolación personal. Es un intervalo que oculta la noche oscura de los vencidos. De su duración y desvarío hablan muchas de las composiciones acogidas en “Posguerra”. El miedo y el rencor se han acostumbrado a hablar entre líneas; en voz baja se asume la derrota. La decepción es un yo desdoblado que  sobrevive y busca sentido tras la introspección al discurrir de un tiempo que acumula hábitos y decepciones.
  Es preciso recalcar que no hay nihilismo en la poesía de Joan Margarit sino convicción de que es posible dormir bajo techo. En el apartado “Refugios” los poemas recrean aquellos conceptos que se hacen tangibles en la amanecida y dan cobijo y luz. Así nacen sendas argumentales como la música y el jazz, el amor, el patrimonio intacto del recuerdo o los lugares que fueron ampliando su hospitalidad para que las etapas vitales hallasen sitio frente a la intemperie.
 “Ellas” aglutina los perfiles plurales de identidades femeninas que fueron compañía y fortaleza porque lograron crear en la infancia, o en el azaroso camino de la madurez los itinerarios más cálidos de la verdad y el afecto, un estar carente de grietas. La abuela, que vivió los efectos abrasivos de la guerra civil, la madre solitaria de los días de posguerra, el amor de Mariola o Joana son los nombres propios del poema. 
  El expresivo lenguaje del tiempo se define en la poética de Margarit con un amplio abanico de símbolos y metáforas. Esa honda reflexión sobre el tránsito continuo busca representación en el apartado “Las enseñanzas de la edad”. Como un redoble de conciencia, los poemas constatan un pensamiento en guardia ante el implacable mordisco del tiempo.
   Por último, la escritura recuerda que el sujeto biográfico habita la casa de la palabra. Viste los versos con su experiencia existencial y los aportes culturales de su senda cognitiva. Como un espejo, la grafía versal conforma un desvelado autorretrato. Ese encuentro del yo consigo mismo encalla en los poemas recogidos en “Autorretratos”. Ellos completan el tramo final de la antología que se cierra con el poema inédito “Conciertos”.
   La poesía de Joan Margarit deja en su avance la noción de continuidad, una entidad unitaria. Esa continua fidelidad se percibe en el corpus acogido por la profesora y ensayista Lina Rodríguez Cacho en Viaje hacia la sombra, tan inseparable del contexto biográfico y del indeclinable sentido de la ética. Frente al arrastre temporal, los versos expanden una función catártica. Sus palabras reclaman oxígeno y claridad, la precisión constructiva de la palabra justa.