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miércoles, 30 de agosto de 2023

APUNTES DE VUELTA

Elogio de la relectura
El último apaga la luz
Obra selecta
Nicanor Parra
Selección y edición
de Matías Rivas
Editorial Lumen
Barcelona, 2017


APUNTES DE VUELTA

   Bajo las palmeras, frente al mar, busco sombras de plata para disfrutar de la obra selecta de Nicanor Parra El último apaga la luz (Numen, 2017), con selección y edición de Matías Rivas. Del poeta chileno de la antipoesía sorprende siempre su originalidad temática desbordante, su defensa del prosaísmo extremo, ajeno a la ornamentación literaria, su ironía y su espíritu crítico hecho de humor, benevolencia y umbral paradójico.  

   Final de agosto y sensación de estar fuera de sitio, en ese ahora de las sombrillas sin reloj donde los quehaceres pendientes, esos inevitables trabajos y días, me parecen un banco de medusas.

  Cada madrugada, los estragos del botellón. El cutrerío y la desvergüenza de los alborotadores nocturnos asolan el reposo. Añoro, como eterno ingenuo social, la complicidad y el respeto de la convivencia. Ya se sabe que cuando cabalga el idealismo pone herraduras de terciopelo.

   Me despegué de inmediato de la trituradora social y de la caza de un sujeto zafio e impresentable. Me ha parecido una desmesura de sensacionalismo atroz. Mientras silencio y discreción extrema en lo que de verdad importa: la situación política, la gestión de los fondos europeos, la dependencia absoluta del turismo de nuestro PIB y la brecha social cada vez más acentuada y profunda.

(Agosto, 2023, notas para el diario) 






jueves, 2 de enero de 2020

COLORES DE INVIERNO

Navegaciones

DÍAS LECTIVOS


La jubilación ha aumentado con severidad mis días lectivos, ese tiempo imprevisible del quehacer literario y la perpetua jornada lectora. Ambas ocupaciones no conocen el cansancio circular de los relojes.


Percibo que el fondo semántico de Invierno no es sombrío. Sus días expresan esa sensación de íntimo refugio que la voz necesita para compartir confidencias y pensamientos. En la lenta progresión de cada amanecer el sujeto ético se mira en el espejo bajo una luz incierta. He puesto en el jardín un tendedero repleto de camisetas de colores. para ahuyentar los grises.


Los aforismos que escribo comparten la sobria indumentaria que tiene el pensamiento de la gente común, de aquellos rostros a quienes suponemos un trayecto sencillo y rectilíneo, que carece de elementos épicos. Gente como yo, experta en el arte de la banalidad.


Y todo lo demás literatura. Estreno agenda; lleno sus páginas aurorales con la voz incansable de la tradición:
                                                Hablar poco  es lo natural.
                                               Por eso
el torbellino no dura toda la mañana
ni dura todo el día la tormenta.

                       Lao  Zi

El pensamiento más fugaz obedece a un dibujo invisible
y puede coronar, o inaugurar, una forma secreta.

                       Jorge Luis Borges

Que mi pensamiento es inestable y que a menudo
me equivoco en mis apreciaciones
sobre la verdad de las ciencias y las magias del arte.

                       Nicanor Parra

y la vida se desliza como un ratón de campo
sin mover la hierba.

                       Ezra Pound


Nos interesa el lenguaje, lo que tú llamas respiración

                       John Ashbery




(Notas para el diario)

miércoles, 24 de enero de 2018

NICANOR PARRA. DESPEDIDA

Parranda larga
Nicanor Parra
Selección y prólogo de
Elvio E. Gandolfo
Alfaguara, Madrid 2010

NICANOR PARRA: EL ANTIPOETA.


  Mi lectura de hoy activa como primera obligación el homenaje. Ha muerto Nicanor Parra, protagonista de una biografía inusual y longeva. Todos los medios recogen hoy el peso específico de su creación, que  tiene mucho de autobiografía poética, sobre la que se congregan valoraciones confrontadas.
   Los reconocimientos literarios son llamadas de atención para testigos circunstanciales y razones de actualidad para invitar a la relectura. Nicanor Parra (San Fabián de Alico, Chile, 1914- La Reina, Santiago, 2017)  recibió en 2011 el Premio Cervantes –el galardón más universal de nuestra comunidad lingüística- por el conjunto de una obra lírica en marcha desde hace más de siete décadas. Del prolijo inventario producido podemos extraer rasgos comunes en la antología Parranda larga, una panorámica con prólogo y selección de Elvio E. Gandolfo. En el preliminar, el antólogo acentúa el viraje transgresor de Nicanor Parra y compara su aportación a la de Rubén Darío. Se habla de explosión, de giro profundo y de enlaces novedosos con el pasado cultural, con exploraciones insólitas.
   Fue en 1956 cuando empleó el término “antipoemas” un molde de notable relevancia crítica para expresar la renuncia a cualquier convención lírica y para adoptar un catálogo denominativo que se ha perpetuado en las aproximaciones a su obra hasta la saciedad: prosaísmo, vanguardia, situacionismo, emotividad, reciclaje, humor, savia surrealista…
  Para llegar a esta estética el autor recorrió un tramo de aprendizaje, formalista y convencional, con un enfoque próximo a los cancioneros tradicionales. Este tramo englobaría títulos escritos entre 1935 y  1943, una época de poesía diáfana, ajustada a formas con cadencia narrativa como el romance y con afinidades manifiestas con la canción popular o la poesía de Federico García Lorca. Con Ejercicios respiratorios se produce el cambio de rumbo hacia un verso libre más oracular y prosaico. Pero el rostro más representativo de Parra se percibe en Poemas y antipoemas, título de 1956 que clarifica una búsqueda singular en la que persiste en títulos posteriores.
  Con caracteres de la poesía visual, el aforismo y el chiste, los “artefactos” pertenecen a la producción más iconoclasta y heterodoxa del autor. Amalgaman consignas reivindicativas, contingencia histórica y voluntad de provocación, como si fueran pintadas a mano alzada en el muro estático de la poesía convencional.
   La selección se cierra con dos textos teóricos útiles para subrayar creencias estéticas y principios de una escritura en movimiento continuo, que difumina géneros y límites y suscita en el lector sensaciones contradictorias. Casi a dosis iguales es previsible la admiración o el rechazo. Como escribiera en “Advertencia al lector”: “El autor no responde  de las molestias que puedan ocasionar sus escritos: / aunque le pese / el lector tendrá que darse siempre por satisfecho “.
  Mario Benedetti en el ensayo “Nicanor Parra descubre y mortifica” enaltece una escritura corrosiva que extrae su energía de un impulso moral y se somete a una simplificación deliberada. El chileno establece un fondo de verdad condescendiente con los desajustes a partir del humor o del sarcasmo. Nos deja la convicción de que el hombre, en muchas ocasiones, es una potencia de exponente cero. La vida sigue triste y esperanzada; sin hacerse notar se fue Nicanor Parra.


sábado, 9 de septiembre de 2017

NICANOR PARRA. PARRANDA LARGA

Parranda larga (Antología poética)
Nicanor Parra
Selección y prólogo de
Elvio E. Gandolfo
Alfaguara, Madrid, 2010 

NICANOR PARRA: EL ANTIPOETA

Para Javier Sánchez Menéndez 

   Los reconocimientos literarios son llamadas de atención para testigos circunstanciales y razones de actualidad para invitar a la relectura. Nicanor Parra (San Fabián de Alico, Chile, 1914) recibió en 2011 el Premio Cervantes –el galardón más universal de nuestra comunidad lingüística- por el conjunto de una obra lírica en marcha desde hace más de siete décadas. Del prolijo inventario producido podemos extraer rasgos comunes en la antología Parranda larga, una panorámica con prólogo y selección de Elvio E. Gandolfo.
   En el preliminar, el antólogo acentúa el viraje transgresor de Nicanor Parra y compara su aportación a la de Rubén Darío. Se habla de explosión, de giro profundo y de enlaces novedosos con el pasado cultural, con exploraciones insólitas.
   Fue en 1956 cuando empleó el término “antipoemas” un molde de notable relevancia crítica para expresar la renuncia a cualquier convención lírica y para adoptar un catálogo denominativo que se ha perpetuado en las aproximaciones a su obra hasta la saciedad: prosaísmo, vanguardia, situacionismo, emotividad, reciclaje, humor, savia surrealista…
  Para llegar a esta estética el autor recorrió un tramo de aprendizaje, formalista y convencional, con un enfoque próximo a los cancioneros tradicionales. Este tramo englobaría títulos escritos entre 1935 y  1943, una época de poesía diáfana, ajustada a formas con cadencia narrativa como el romance y con afinidades manifiestas con la canción popular o la poesía de Federico García Lorca. Con Ejercicios respiratorios se produce el cambio de rumbo hacia un verso libre, más oracular y prosaico. Pero el rostro más representativo de Parra se percibe en Poemas y antipoemas, título de 1956 que clarifica una búsqueda singular en la que persiste en títulos posteriores.
  Con caracteres de la poesía visual, el aforismo y el chiste, los “artefactos” pertenecen a la producción más iconoclasta y heterodoxa del autor. Amalgaman consignas reivindicativas, contingencia histórica y voluntad de provocación, como si fueran pintadas a mano alzada en el muro estático de la poesía convencional.
   La selección se cierra con dos textos teóricos útiles para subrayar creencias estéticas y principios de una escritura en movimiento continuo, que difumina géneros y límites y suscita en el lector sensaciones contradictorias. Casi a dosis iguales es previsible la admiración o el rechazo. Como escribiera en “Advertencia al lector”: “El autor no responde  de las molestias que puedan ocasionar sus escritos: / aunque le pese / el lector tendrá que darse siempre por satisfecho “.
  Mario Benedetti en el ensayo “Nicanor Parra descubre y mortifica” enaltece una escritura corrosiva que extrae su energía de un impulso moral y se somete a una simplificación deliberada. El chileno establece un fondo de verdad condescendiente con los desajustes a partir del humor o del sarcasmo. Nos deja la convicción de que el hombre, en muchas ocasiones, es una potencia de exponente cero.




domingo, 13 de diciembre de 2015

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. PERDONA LA FRANQUEZA

Perdona la franqueza
Javier Sánchez Menéndez
Detorres Editores
Córdoba, 2015


NADA MÁS QUE LA POESÍA

   Poeta, ensayista, escritor de diarios e impulsor del mapa editorial La Isla de Siltolá, Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) ha recorrido  un largo itinerario creador que busca un equilibrio sostenido entre géneros complementarios. Digo complementarios porque en ellos se entrelazan afinidades y enfoques que configuran un sujeto verbal reconocible y un muestrario argumental que singulariza el taller del autor.
   La obra lírica se ha compilado en dos antologías, la primera de las cuales, Faltan palabras en el diccionario tomaba como título un verso del poeta Nicanor Parra, ganador en 2011 del Premio Cervantes. En su nueva entrega, Perdona la franqueza, regresa al espacio versal del chileno, como si quisiera resaltar que se siente cómodo caminando junto al impulsor de la etiqueta “Antipoesía”. El reduccionismo crítico deja en cada aserto dos o tres muescas conceptuales; son claves organizativas que  postulan la dicción coloquial, el figurativismo expresivo y un contexto social en el que el ser individual emerge como paseante de un tránsito plural y colectivo. Perdona la franqueza es un libro breve que emplea como formato monocorde el versículo, una preferencia que ya es historia en Walt Whitman y en los poetas impulsores de la celebrada generación Beat. Así acentúa el modo reflexivo del verso libre. Nos hallamos ante una poesía de pensamiento que incide en la visión de lo real de modo fragmentario. El poema avanza, lejos de la imagen plana que fotografía, se abre a la sugerencia y a la hondura, desarticula el trayecto lineal y deja constancia del paso existencial de un sujeto cambiante en el ahora y en los territorios calmos de la evocación. La conciencia poética acumula instantes que solapan la incertidumbre del pasado y hacen del conflicto entre percepción y pensamiento un impulso vital. Ser es aventar propósitos al viento, hacerse nube, aferrarse a los sueños, sentir en la epidermis el chispazo sensorial. El entorno se presenta  como una amalgama de imágenes en la que conviven elementos dispares. De su lectura surgen indefiniciones y dudas, ese sustrato ambiguo que difumina bordes entre lo imaginario y lo real.
   Los lectores de Javier Sánchez Menéndez recordarán un clima similar en los apuntes en prosa de El libro de los indolentes, cuyas bifurcaciones  aquí se hacen palpables en poemas como “Saúl muere en Dubrovnik”, uno de los mejores poemas de esta salida. Dejo aquí sus versos: “En la fuente pequeña de Dubrovnik, junto a la estatua de nariz / brillante, el indolente número 1 ha venido a morir. / Respiraba despacio, apenas se movía. Desplegó sus alas apoyadas y / recitaba  los últimos versos de Hölderlin en Tubinga. / En la fuente pequeña de Dubrovnik, donde sacian la sed  los / incansables, Saúl agoniza. / Bienvenido al reino de los vivos “.En casi todas las composiciones prevalece la carga conceptual sobre el hilo anecdótico. 
   Los poemas no enuncian, se hacen reflejo especular dispuestos a dar cobertura indagatoria a la conciencia. No es la voz sino el silencio quien se convierte en expresivo interlocutor. Escritura hecha gesto donde “la esencia se convierte en pureza”.


miércoles, 9 de septiembre de 2015

LUIS FELIPE COMENDADOR. CORRE LA VOZ

Corre la voz
Luis Felipe Comendador
El Brut de los corazones solidarios
Béjar, 2015

CON ÁNIMO DE ENTENDER

   El desaliño temporal es así. Silencio o compañía. Silencio para hablar con el yo desdoblado que alquila habitaciones de una identidad mudable y frágil, con aire de familia. Compañía, para comentar con otras voces el ruido tormentoso de lo transitorio; para soportar la menudencia prescindible y hacer de las palabras colectivas el claro discurso de una sensibilidad solidaria, que sepa correr la voz.
  En el transcurrir creativo de Luis Felipe Comendador (Béjar, 1959) se percibe una pautada evolución y un cambio de registro en la expresión del sujeto verbal. Desde el tono experimental de su carta de presentación camina hacia una poesía social en la que no faltan el sarcasmo y la ironía como estrategias de cercanía, y desde la mirada social va desembocando en una poesía meditativa, con vetas elegíacas y existenciales. 
   Aunque en todos los tramos escriturales hay constantes que identifican la voz personal del bejarano: la mezcla de un lenguaje transparente aliñado con amplios referentes culturales de la biblioteca o de otras manifestaciones artísticas como el cine, y las afinidades entre el hablante lírico y el sujeto biográfico, como si el desdoblamiento en un alter ego hiciese más fácil el rol comunicativo o asumiera los pasos de un pensamiento indagatorio, dispuesto a recorrer los pasillos interiores de la casa propia con el aceitoso candil de la razón.
 En la primavera de 2015 llega a las librerías el poemario Corre la voz, una edición con fines solidarios que se integra en el catálogo de El Brut de los corazones solidarios y  lleva en la cubierta una imagen hiperrealista del propio autor. El libro compila poemas que tienen como suelo la soledad. Un hablante cercano transforma en voz las conexiones con el entorno. La mirada percibe un color crepuscular en ese encuentro con el azar diario. Los versos ascienden por una ladera en cuesta, en la que es preciso hacer de los sentidos interlocutores dispuestos a cosechar la siembra de indicios esenciales, aquellos que aportan al caminar un paso estable: “¡Corre la voz!, / que todo se convoca para serte, / para hacerte –no mejor ni peor, -  / para hacerte…/ que el cielo se constela y atardece / que hay brisa para todos…/ y oxígeno…/  y colores…”.
  De esa piel heterogénea proviene acaso un hilo de esperanza, la razón de ser de un tiempo con finales abiertos. Los ventanales del ahora depositan a diario las formas y colores de lo externo. Una geografía dispar que invita a la evocación y el recuerdo, que en su mudez propicia una lectura simbólica y deja discurrir el pensamiento para que descifre los mensajes en clave de un mundo estrecho, propicio a la erosión y al desencanto. Las palabras nacen con ánimo de entender; cada verso es un intento de encontrar sentido y muestra el afanoso vitalismo de escritores como Nicanor Parra, de quien se recupera una poética que anima y justifica: Todo lo que no se dice es poesía / todo lo que se escribe es prosa / Todo lo que se mueve es poesía / Lo que no cambia de lugar es prosa.” Desde esta invitación arranca Corre la voz, un manojo de poemas catalizadores, una reacción en proceso contra el vacío abrupto del presente.