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miércoles, 14 de enero de 2026

JOSÉ LUIS TRULLO. UN MONSTRUO INCOMPRENSIBLE.

Un monstruo incomprensible
Retablo de moralistas franceses 1600-1850
José Luis Trullo (editor)
Traducción de José Luis Trullo y Miguel Ángel Real
Editorial Renacimiento
(Colección A la mínima)
Sevilla, 2025

 

RETABLO CON FIGURAS

 
   En el aleatorio recorrido de la brevedad por la calzada de la Historia advertimos que, con frecuencia, la concreción enunciativa del aforismo está marcada por el carácter didáctico. Es una estrategia con dimensión colectiva; pretende transmitir una normativa ética, un conjunto de principios de validez común. De este empeño reglado de socialización se nutre parte del legado aforístico clásico. Desde Grecia y Roma la escritura hiperbreve expande, sobre la mesa del lenguaje, indagación cognitiva y conciencia moral. El espíritu renacentista supone un cambio de rumbo al introducir la perspectiva humanista. Se revaloriza el logos en el análisis de la moral cívica y la conducta humana.
  La indagación en la textura existencial del hombre común consolida la voz confidencial con las aportaciones de Francesco Guicciardini y Baltasar Gracián. Este será el principio necesario que hará de los moralistas franceses, durante los siglos XVII, XVIII y mediados del XIX,  un episodio central de la consolidación normativa del género.
  El aserto “Moralistas franceses” merece un breve análisis del editor. El término es de origen latino, “More” (costumbre) y define el propósito de orientar actitudes mediante principios estables. Los moralistas juzgan la conducta humana, constatan sus disonancias y apuestan por enaltecer una dimensión colectiva en la que prevalezcan vectores como el bien, la belleza y la verdad. Ese sería el hilo conductor del grupo de pensadores, florecido en territorio francés, seleccionado por el antólogo, y traducido al castellano en común por José Luis Trullo y Miguel Ángel Real, profesor, aforista y traductor con amplia experiencia en el legado cultural francés.
  Presencia imprescindible en la consolidación del decir conciso actual, José Luis Trullo (Barcelona, 1967) es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Y realizó estudios de Doctorado en Filología Románica. Su activismo creador impulsa un taller plural que engloba poesía, traducción, aforismos y análisis críticos. Es editor de la revista Humanistas, director del apartado de aforismo de la revista Culturamas y colaborador de otras cabeceras digitales.
  El espacio lacónico estudiado incluye a Madeleine de Souvré (1599-1678), La Rochefoucauld (1613-1680), Blaise Pascal (1623-1662), La Bruyère (1645-1696), Vauvernagues (1715-1747), Malesherbes (1721-1794), Chamfort (1741-1794), Rivarol (1753-1801), Jouvert (1754-1824) y Chateaubriand (1768-1848). Son rutas consolidadas con fuerte repercusión posterior. El antólogo, tras el mínimo apunte biográfico, se centra en la pulsión de cada autor para dar breves trazos del discurrir vital. Todos rastrean nuestra condición transitoria y el sentido existencial del ser. En la remansada superficie del discurrir critican la convivencia social, empeñada en anteponer el interés individual a la relación colectiva. Cada legado toma conciencia y se hace registro en la introspección. condiciona, en mayor o menor medida, la lucidez estética y la perspectiva escritural.
   La escasez de voces femeninas de la tradición aforística convierte casi en un gesto subversivo la apertura de la selección con Madeleine de Souvré, marquesa de Sablé. La aristócrata alentó el más celebrado salón literario de su tiempo y escribió máximas o sentencias morales con aliento irónico. Puede considerarse, por tanto, precursora de grupo. Su quehacer conciso parte de la reflexión interior, del conócete a ti mismo, para, de ese modo, ser capaz de asomarse a los demás. Pretende clarificar la grandeza del entendimiento indagando defectos y virtudes de cada conciencia.
  La escritura de La Rochefoucauld se define como “Máximas de un hombre desengañado”. Su breve libro Reflexiones o sentencias y máximas morales explora con ironía y honestidad ese entorno de fingimiento y desolación de la plaza pública que disimula escombros, inmundicias y sinuosidades, detrás del escenario de las apariencias. El amor propio mitiga esas cicatrices de la experiencia vital que desazonan. Su mordacidad descubre que la verdad está lejos del ideal y la mentira coloniza campos enteros de la vida social y afecta a los trazos del propio sujeto que habita nuestros espejos.
  El genio humanista de Blaise Pascal, quien tuvo una esmerada formación intelectual, se aplicó indistintamente a ciencia y religión.  Las convicciones se acogen en “Los pensamientos de un alma en vilo”. Pese a su temprana muerte, dejó una heterogénea herencia como físico, matemático, inventor, teólogo y filósofo. El desasosiego religioso impulsa su cercanía al debate teológico de la Abadía de Port-Royal. Como caña pensante, el hombre personifica una amalgama de creencias y afectos; la conciencia personal con frecuencia se ve contaminada por las sombras. La nada parece ser el destino final de la existencia. El libro Pensamientos enaltece la necesidad de Dios y la fuerza salvadora de la religión. Solo la búsqueda sincera de la verdad concede reposo al desaliento.
   El anhelo de verdad está muy presente en la filosofía de La Bruyère, cuya obra, un conjunto de piezas literarias breves, ajusta sus trazos al retrato de sociedad, hecho con cercanía e indulgencia. Miembro de la Real Academia desde 1673, su exitoso balance literario justifica la consideración de ser una voz fuerte, capaz de reflejar el carácter moral de los contemporáneos. Su libro es el espejo de una época. Incansable observador, La Bruyère descarga en el sujeto la capacidad de ser testigo sensible de la realidad. Así se fortalece una visión crítica que depura lo que ve y multiplica interrogantes existenciales.
  El aporte intelectual de Vauvenargues, persistente lector de Plutarco, se estudia en Introducción al conocimiento del espíritu humano, seguida de algunas máximas y reflexiones. Las anotaciones objetivan, con sencillez y profundidad, el conocimiento del ser y del mundo, buscando un equilibrio de moderación entre luces y sombras, entre visión candorosa y nihilismo. Considera que la razón necesita el pulso sentimental para no ser áspera y fría. Las capacidades cognitivas alumbran claridad. Dado que nuestro entendimiento es insuficiente, hay que cultivar la voluntad y poner luz a la incertidumbre con espíritu reflexivo y tolerante.
   Jurista, político y consejero real, Malesherbes tuvo una participación social muy notable en el ambiente cultural de la época. Polemista y defensor de la libertad de prensa, murió guillotinado en el negro periodo de terror de la Revolución francesa. Con sensibilidad clásica, sus máximas convierten razón y justicia en asideros intelectivos. Al cabo, “las mayores verdades son en general las más sencillas”. En ese camino singular del entendimiento los textos sapienciales conforman un discurso de prudencia y espíritu tolerante.  
  El apartado dedicado a Chamfort recuerda el temprano reconocimiento por sus poemas y piezas teatrales. La mala salud condicionó una persistente melancolía y un ánimo pesimista. El instructivo moralista percibió en primera fila el desvarío jacobino de la Revolución francesa y su empeño en  hacer del precipicio un andén de llegada. Las máximas y reflexiones difunden una gélida desolación. Su pensamiento expande una incontinente tormenta de sombras. La voluntad de las palabras es estéril, no cura los más doloridos sentimientos. Las máximas y pensamientos de Chamfort son la estela de un hombre vencido; la amargura de un enfoque pesimista, como si la presencia de alguna esperanza no fuera sino un espejismo que se obstina en mentir a cada instante.
   La vida de Rivarol fue una continua búsqueda de fortuna. Ensayista y panfletista, sus máximas se leen como “los pensamientos de un espíritu inquieto”. Fue un enemigo declarado de la revolución francesa, lo que impulsó su persecución y exilio, hasta el definitivo asentamiento en Berlín. Su brevedad está marcada por la claridad y el rigor. Deja patente su ingenio, y una inconfundible mezcla de ironía y humor. La filosofía de Rivarol entiende la vida como una floración de frustraciones, un cúmulo de estaciones de paso que espera ese tren que no lleva a ninguna parte, salvo a los trampantojos de la esperanza, esas oquedades ilusorias de lo temporal.
  Joseph Jouvert personifica un incansable compilador de aforismos. Sus teselas representan el vínculo de transición entre los moralistas franceses y la naciente sensibilidad del romanticismo. Convergen en la escritura lacónica de Jouvert filosofía y poesía; el empeño de brevedad y la precisión más extrema. La sensación que deja la lectura de Jouvert es que los grandes temas de la conciencia humana necesitan el amparo reflexivo del pensamiento. Todo lo que pensamos es preciso pensarlo con el ser completo; con el alma y el cuerpo porque ser natural en el arte es ser sincero.
  El romántico Chateaubriand, personaje de exaltada biografía, firma la cosecha mínima final. El autor de Memorias de ultratumba promueve en sus fragmentos aforísticos el análisis de la vida social con resentimiento, como si el quehacer colectivo estuviese amenazado de continuo por un principio de destrucción. Entiende que las mejores quimeras de la existencia son inalcanzables porque la naturaleza humana está marcada por la miseria y no por cualidades superiores como el genio y la virtud. 
   Un monstruo incomprensible toma su título de un pensamiento de Blaise Pascal. El yo pensante es un principio generador de contradicciones e incertidumbres, por más que la razón se empeñe en ordenar el pensamiento. Con nitidez y armonía, José Luis Trullo deja un ajustado registro nominal de los moralistas franceses y de su destacada voluntad de penetrar en el fondo de la condición humana. Un itinerario de voces consolidadas que ensancha el camino lector mediante el sentimiento y el paso libre y ligero de la inteligencia.
 
JOSÉ LUIS MORANTE  
 


 
  

jueves, 4 de abril de 2024

DIONISIA GARCÍA. EL PENSAMIENTO ESCONDIDO

El pensamiento escondido
Aforística completa
Dionisia García
Prólogo de Carmen Canet
Editorial Renacimiento
Colección A la Mínima, Serie Mayor
Sevilla, 2022

 

UNA GRIETA DE LUZ

  
    En el tramo final de siglo, Dionisia García (Fuente-Álamo, Albacete, 1929) estrenaba género al publicar en 1987 Ideario de otoño. Era la más temprana cosecha aforística; un surco abierto que concedía a la autora relevancia especial como iniciadora de esta estrategia expresiva ante la carencia de voces femeninas anteriores. El decir mínimo habría de adquirir en el trayecto literario de la escritora amplio desarrollo, como se vislumbra en El pensamiento escondido, recopilatorio de las tres entregas dedicadas al aforismo.
  La travesía es analizada en el proemio “Confidencias” por Carmen Canet, quien personifica la más persistente indagación del taller conciso de Dionisia García. La resonancia escritural perfila, en un juego de transparencias, la luz directa de la intimidad. Dentro del texto, la palabra confidencial es dueña de un enfoque comunicativo y compartido; aglutina situaciones sencillas y cercanas y abre senda a un horizonte reflexivo expuesto desde la hondura de la introspección. Como dicta la obertura de Carmen Canet: “Deja discretamente sobre el papel que sus palabras fluyan vitales, emotivas, profundas e imparables”.
   La acumulación de registros en Dionisia García es geografía integradora y prolífica. Aglutina caminos entre la poesía, la narración, el ensayo y los aforismos. En todos ellos, la existencia sirve para comprender escenarios y procesos de la realidad desnuda; el discurrir es trasunto de un espacio real paradigmático que tiene asienta localizaciones en ámbitos desperdigados por el mapa de lo laborable. La palabra nunca pierde su calidez doméstica para dar voz a protagonistas que congregan cercanía y sencillez, estar machadiano.
  La senda completa incluye, junto al ya citado comienzo Ideario de otoño, con nueva reedición ampliada en 1994, los libros Voces detenidas (2004) y El caracol dorado (2011). Sobre este contenido, Carmen Canet preparó la selección El hilo de la cometa. Antología esencial (1987-2011), editada por Libros al Albur en 2019. Todos constatan en su desnudez expresiva que “El aforismo no es un juego para decir algo. Puede llegar a quien escribe por vía intuitiva, o ser expresión de un pensamiento previo hasta considerar que el resultado puede ser válido. En su proceso viene a ser semejante al poema: hay que estar alerta.”
   Los pensamientos mínimos tienen preferencia por la forma directa; los enunciados son pasos cercanos a la biografía personal y exponen los efectos colindantes de las circunstancias. Los núcleos argumentales huyen de la estridencia; muestran contraluces y contrastes frente a las interrogaciones de la razón. Estas señales son percibidas por el proemio de Carlos García Gual a Ideario de otoño. El prologuista recuerda la tradición de un género con sus nombres esenciales a los que se añade el decir sentencioso de Dionisia García, desde la observación sutil, suave, irónica, como si las ideas se hubiesen instalado en los bajorrelieves del matiz. El transcurrir invita a la contemplación, al camino que enlaza el paisaje interior y las respiraciones de los elementos del entorno, siempre sometidos a las continuas metamorfosis de procesos naturales.
   El tumulto semántico acoge también referencias frecuentes al sentido y razón del hecho literario: “Las palabras nos ordenan, nos sitúan y alojan. Mal tratadas se vuelven contra nosotras”; “El estilo un poco gris –decía Baroja-  para que destaquen los matices tenues”. Placidez al visualizar la idea”. Este último texto pude muy bien definir los límites austeros de esta práctica minimalista y su complicidad, al asomarse al mundo, con la levedad de la  menudencia y sus grietas de asombro.
   Como ratifica la introducción de Voces detenidas la introspección se hace mirada interior. Pauta interrogaciones a través de la ironía, el desencanto y la esperanza, en torno a la condición humana. La escritura traza los rasgos de un autorretrato que intercala zonas oscuras y claridades. El yo percibe las voces detenidas del silencio, interpreta tras su indefinición genérica, esa parquedad narrativa, coloquial y directa que solemos hallar en el andamiaje del relato existencial. Los textos desandan el camino, cuestionan un pensamiento acomodaticio para dilucidar el sentido existencial; hablan de seres que deambulan buscando certezas y perciben el vivir despacio con sus asimetrías y relieves.
   La entrega El caracol dorado sirve de cierre a la compilación, tras un breve apunte de la autora donde comenta que el título nace de una impresión visual, cuando se despliega la amanecida. Se hace la luz y el aforismo ilumina los rincones del pensamiento para indagar sobre una realidad en vilo. La tarea impone una mirada insistente que se empeña en percibir el rastro de las cosas, los estratos de sus posibilidades y esos efectos secundarios que generan emoción y reflexión, la calidez de las palabras cortas y sus irisaciones.  
  Los aforismos de Dionisia García nunca son indiferentes a la historia menor, al poso anecdótico de apariencia insignificante. Saben que el lenguaje los dignifica y los convierte en compañías apacibles, en esos interlocutores de la inteligencia que fluyen con textura transparente, como un cauce incontenido de verdad y belleza. Tras su fragilidad evocadora, cada aforismo guarda la consistencia de un comienzo.

 
                                                                       JOSÉ LUIS MORANTE


 
 
 

jueves, 19 de diciembre de 2019

AITOR FRANCOS (Edición) MARCAS EN LA PIEDRA

Marcas en la piedra
Doce aforistas vascos
Aitor Francos (Edición)
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2019


CANTOS RODADOS

A Patxi Andión, por su voz cálida


  Al indagar el legado del aforismo contemporáneo se percibe un venero disperso, múltiple en propuestas y protagonistas. Así lo percibe Aitor Francos, poeta, aforista y antólogo al reunir en Marcas en la piedra una decena de nombres del País Vasco, ya con coordenadas fiables y nítida repercusión nacional.
  En esta antología se despliega un sondeo por los pasillos interiores de un género cuya labor es “resumir, cristalizar y condensar”. En su decir paremiológico, el aforismo requiere la terquedad del laconismo, un marco autosuficiente que edifique la frase feliz con el mínimo roce de elementos verbales en un ejercicio de depuración y síntesis. Al sondear en el tiempo el legado cultural vasco, aflora una sociología con textura convivencial que sirve de pauta a una sensibilidad colectiva. De ella participa, según el antólogo, un aforismo diverso, abierto e implicado en el fluir. Sin embargo, su cultivo muestra también los rasgos subjetivos que propician la renovación constante del pensamiento. De ese trasfondo compartido, cuyo mérito esencial es ser capaz de extraer del magma común algunas constantes individuales, da cuenta esta selección cuyos vértices principales aglutinan cuatro tendencias: “el aforismo de corte clásico, el humorismo puro, el aforismo discursivo y filosófico (o político o reivindicativo) y el aforismo poético”. Se comenta también que la nómina elegida no pretende establecer un canon sino trazar una panorámica parcial que, naturalmente, deja fuera algunas propuestas de interés, bien por su carácter inédito o por circunstancias de distinto calado, como la inminente salida editorial, o el origen geográfico del autor que condiciona su integración en este escaparate aforístico.
   Al abordar el periplo singular de cada aforista, Aitor francos añade unas breves notas en las que se comentan los pormenores que estuvieron en el germen de algunas composiciones. Así explora el activo lacónico de Patxi Andión, siempre marcado por su biografía musical que puso un marco sonoro generacional. Pero son los textos quienes trazan el definitivo sustrato, ese pensamiento mínimo sobre los contornos más significativos de lo evidente que aglutina filosofía y crítica existencial de modo fragmentario. Los textos del profesor cantautor tienen un fuerte refrendo reflexivo: “Nada deja de ser lo que es mientras pueda verse en otros ojos”, “El pensamiento es un trazo del vuelo que no se adivina”.
   El sujeto político y humanista de Ángel Gabilondo condensa un fuerte sentido del humor que aporta a la cartografía social una mirada sostenida. La solemnidad merece tacón bajo para que el sentido común pueda mirar de frente. Así es palpable en este decir breve un aire crítico, próximo al escepticismo, que mira los decorados para desmontar tramoyas. Al cabo “Por más que aprendamos, también crece lo que desconocemos”.  La selección fortalece un aforismo convencido y convincente, vestido por un cálido sentido del humor y, en ocasiones, con una ironía con voluntad de saber y decir.
   Nombre propio esencial en la codificación de la estrategia expresiva, Ramón Eder ha convertido la práctica aforística en camino de dirección única. Así secuencia entregas que fortalecen una voz ética y despliega destellos indagatorios sobre el estar cotidiano. Su caligrafía entrelaza prudente movilidad argumental, humor a media voz, inteligencia ligera y sentido común. Son ingredientes que ponen su producción en primera línea y a la cabeza del género.
  Juan Kruz Igerabide es un escritor prolífico que aborda una senda creadora plural, desde la literatura infantil al decir breve. Su paremia cimenta sociología y ética, y aporta una mirada paradójica que hace de la escueta geografía de lo real un espacio de intolerancia pacífica, donde conviven “salvados, condenados y atónitos”.
  En la personalidad de Karmelo C. Iribarren prevalece el poeta. Sus versos multiplican ediciones y reconocimientos. En ellos encontramos una clara afinidad entre el sujeto poético, la fuerza verbal de sus codas y los pensamientos breves de Diario de K. La intimidad del yo personaje promueve un afán de búsqueda que ajusta cuentas con imposturas propias y ajenas: “A los que carecemos de imaginación, sólo nos queda la vida diaria pasando; es decir: un filón inagotable”. De ese sustrato los aforismos son muestra y espejo, un escaparate de experiencias verbales que compendia humor y sabiduría.
   Clave esencial en la arquitectura cultural vasca, donde ha logrado extenso reconocimiento crítico, Tere Irastortza explora con su obra géneros como la poesía, la traducción, el ensayo y el aforismo. Su escritura concisa aborda con frecuencia lo metaliterario y se define por su enfoque cercano al hábitat desde una conciencia de aceptación del devenir y de evocación y recuerdo de los valores primarios. En su quehacer, escribir es adentrarse en las percepciones de un sujeto plural, que descubre confluencias entre lecturas y experiencia: “La escritura nos muestra, lo que nos ilumina, no es más que un borrador.
   También Karlos Linazasoro personifica un abrumador legado creativo que ha trazado sendas en todos los géneros. Su aforística se agrupa en los libros Lo que no está escrito y Nunca mejor dicho. Sus breves recuperan la paradoja y tachan lo solemne para construir un lenguaje de lúcida expresión, que radiografía el discurrir de la conciencia con una estela de ironía cómplice. Esta antología presenta una estupenda selección, cuajada de aciertos.
  La biografía aforística de Ana Urkiza cuenta con dos títulos, Lo que queda de ayer y No hay vuelta para adelante publicados en euskera y presentados en castellano por Trea con el título Un hermoso lugar la felicidad. Componen una parcela significativa en una obra muy extensa que acoge distintos lectores, desde el público infantil y juvenil, hasta géneros de madurez como el relato y la poesía. Se percibe en su paremia un guión reflexivo, una introspección marcada por el tiempo que incide con frecuencia en lo social y no desdeña el humor en sus análisis.
   Del trabajo incansable de Gabriel Insausti da fe una obra que integra narrativa, poesía, literatura de viajes, aforismos, traducciones y ensayos junto a ediciones de clásicos. Los rasgos que definen su aforística son la precisión semántica, el sustrato cultural, la reflexión sociológica y esa mirada a la ética como norte del fluir de la conciencia.
   Más que aforismos al uso, abundantes textos mínimos de Beñaz Arginzoniz son fragmentos metapoéticos que buscan clarificar la razón del poema. Sus breves formulan ideas de amplia profundidad lírica, lejos de la sorpresa conclusiva o del desenlace ingenioso del aforismo habitual. No obstante, la muestra del autor integra frutos más convencionales, como los extraídos de Un mundo para Marina o los integrados en Extrañas flores y otros fragmentos de un diario póstumo.
   La fertilidad creadora de Juan Manuel Uría ha dejado en un corto espacio temporal entregas poéticas, realizaciones plásticas y aforismos. Sus voces breves persiguen conexiones insólitas (“Donde muere lo obvio, nace el poema”) que abordan la ruptura de lo previsible y dan voz al sentido común mediante un discurso paremiológico que pisa firme el sustrato ligero del humor: “La realidad es como el chuletón: poco hecha y con un buen puñado de sal”. También resalta en su escritura la voluntad dispuesta de un observador implicado que no duda en comentar las marcas desaliñadas de la realidad.
  La cercana presencia literaria de Ander Mayora corrobora la excelente amanecida de La clemencia del tiempo, con prólogo de Enrique García Máiquez. Su continuidad, El páramo presenta el merodeo del decir breve por la introspección y por las perspectivas de un devenir existencial al albur de los días. Limpios y directos, los aforismos de Ander Mayora formulan una ascesis de creencias personales que no renuncia al sentido crítico con una sociedad banalizada, que viaja hacia un pensamiento uniforme y de consumo inmediato.
   Gran acierto el de Aitor Francos: no incluirse a sí mismo en la antología, aunque su minimalismo singular lo merece. Y muy atinada esta imagen global del aforismo vasco contemporáneo que se libra de cualquier localismo y postula en la estrategia discursiva del género un grupo de autores estable y fuerte, que personifica un compromiso personal con el aforismo repleto de fuerza literaria, siempre propicio al sol de mediodía.



lunes, 19 de agosto de 2019

RICARDO VIRTANEN. BAZAR DE ESQUIRLAS

Bazar de esquirlas
Ricardo Virtanen
Editorial Renacimiento
Colección A la Mínima
Sevilla, 2019



LA VIDA EN SERIO


   Con el libro Bazar de esquirlas, integrado en la prestigiosa colección A la Mínima en la editorial Renacimiento, Ricardo Virtanen (Madrid, 1964) retorna al aforismo, subgénero en el que ha dejado hasta la fecha tres títulos: Pompas y circunstancias (2007), Laberinto de efectos (2014), y El funambulista ciego (2019). Tan fértil legado demuestra la importancia central que el escritor concede a ese oficio del pensamiento. La escritura concisa es capaz de fabricar miniaturas expresivas, relámpagos de lucidez que postulan una manera de acercarse al entorno, a ese ruidoso litoral de una realidad mudable. Aunque es evidente que Ricardo Virtanen –y ahí están sus últimas publicaciones para corroborar el apunte- entiende la literatura como un marco escénico capaz de acoger el cauce poético, la autobiografía, el ensayo o el quehacer editorial al rescate bibliográfico de nombres propios como Emilia Pardo Bazán, Luis Alberto de Cuenca, Aurora Luque o Pilar Blanco Díaz.
   Los aportes de Bazar de esquirlas compilan un recorrido  creador fechado entre 2015 y 2017, lo que permite conocer el primer plano del aforismo y su actualidad estética, tras más de una década de cultivo personal, en la que sigue perdurando el intangible misterio del minimalismo expresivo, siempre sorprendente e imprevisible. La obra integra una ventana crítica a modo de introducción, el breve ensayo “Una sublime imposibilidad”. En sus párrafos Ricardo Virtanen clarifica la formulación semántica de esta estrategia expresiva y su contemporaneidad en un presente proclive a lo fragmentario. Conecta de paso el aforismo con otros formatos como el haiku y el diario, como se percibe en la práctica de algunos moralistas franceses, y en Canetti, Cioran y Jules Renard. Por tanto, la esquirla sería una síntesis, con afinidades con la greguería, el esqueje elíptico y un pensamiento poético en cuyo andamiaje se asienta la cotidianidad.
   Tras citas de Emerson y Cioran, las esquirlas se secuencian en cinco tramos y dejan al alcance de la mano un decir despojado cuya pupila enfoca interiores y entorno. Cada frase está marcada por la sutileza y por los contrastes del discurrir existencial, esas mutaciones inadvertidas que permiten “Asombrarse y seguir siendo el mismo”. El trayecto cognitivo nunca concluye, ni depara la quieta solidez de la certeza, “La única certeza es que no sabemos y queremos conocer”; “La verdad siempre la imagino como un pomo en la puerta”. Esta vigilia indagatoria concede a la tesela aforística una razón de ser: “Un aforismo tiene la virtud de convertir en movimiento la idea más peregrina”.
   No son pocos los instantes en los que el pensamiento indaga los límites del ser: “Yo soy yo, pero podría ser otro sino mediara un abismo de por medio”, “El tiempo confirma una entelequia a la que nos aferramos para captar la sensación de ser reales”. Virtanen es consciente de que la solemnidad moralista requiere paréntesis más livianos, esos claros en el bosque que rompen la inercia recurriendo al humor. De este modo, cada segmento textual, bajo el epígrafe “Humorismos” integra subconjuntos donde amanecen recursos distanciadores como el humor, la ironía, o el trazo paródico: “El humor desestabiliza a los intransigentes. La ironía los inmaterializa”. 
   El aforismo nunca ignora la condición temporal del yo subjetivo y la declinación de cualquier certidumbre en ese pautado caminar hacia la ceniza. El fluir de la conciencia adquiere con el tiempo un tono conclusivo: “A la vida no hay que darle demasiadas vueltas. Acaso tomárnosla como una autopista recta que avanza fugaz hacia la nada”. En Bazar de esquirlas aflora una sensibilidad dispuesta a entrelazar voluntad y exploración; nunca se siente ajena a esos mínimos sucesos que pasan por el tamiz del pensamiento: “las ideas brotan en mí sin ton ni son, como sarmientos en un campo abandonado”. Cómoda tras su epitelio filosófico, la nueva entrega del poeta, músico y profesor Ricardo Virtanen es un punto de encuentro entre verdad y lucidez, las instrucciones luminosas de “un manual ético y estético para valorar nuestro tiempo”