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sábado, 11 de agosto de 2012

ANÉMONA.


Aforismos de agosto:


En el temblor del agua, el temblor de mi piel en la primera zambullida del sábado, cuando los otros duermen y el mar se despereza.

El verano destensa contiendas generacionales. Mi hija dice que el mar y yo nos parecemos porque los dos nos picamos en cualquier momento. Después sonríe y me perdona la vida: “también os parecéis en el fondo transparente”

En las olas no ceja ese empeño de demolición progresiva.

Entre la espuma y el agua, efectos de simetría de un teclado líquido.

Orilla. Lugar límite. Dos mundos juntos y distintos que mantienen su identidad.

Palos, cubos, rastrillos, arena removida. Cerca del mar se percibe con fuerza que el futuro son los niños. A su alrededor el coro mudo de los adultos.

Sigo al margen del calendario, en un tiempo en el que no se necesitan respuestas.

Agosto en mis ojos, pasivos consumidores de marinas.


PD.-  Irene y Javier Cabañero  me prestaron la foto de uno de sus viajes. Me pareció llena de sugerencias. No sé quién fue el fotógrafo.
   Mientras tenía el bolígrafo dispuesto para estas anotaciones, descansaba a mi lado una lectora ensimismada con EL MAPA DEL CIELO, la novela de Félix J. Palma. Mostraba un interés tan fuerte que cada tarde se quedaba sola, con el libro en la mano, en la línea de playa.
   Al regreso, abría alguna página de Remy de Gourmont. Días en los que me siento extrañamente feliz.

lunes, 11 de junio de 2012

STEAMPUNK. RETROFUTURISMO.

 Steampunk: antología retrofuturista
Félix J. Palma (ed)
Fábulas de Albión, 2012

  En el preliminar, Félix J. Palma, editor y coordinador de esta antología de relatos, aporta una definición elemental del steampunk que facilita el acercamiento del lector; el subgénero de la ciencia-ficción mira en su origen la novelística de Julio Verne y H. G. Wells para incidir en aspectos derivados del positivismo científico, la revolución industrial, la popularización de las máquinas y la confianza en la ciencia como dispensadora de utopías al alcance de la mano. Son señales recurrentes que los autores escogidos concretan con los caracteres singulares de su taller.
   El narrador burgalés Óscar Esquivias elige un argumento en el que prevalece un entorno musical para un cuento largo que entremezcla culturalismo, humor y truculencia. Pese a la oposición familiar, un estudiante sólo ve en su futuro sitio para la música y a esa obsesión creadora subordina su moralidad y su conducta. Fernando Marías hace justicia al western, un género cinematográfico de culto y crea un espacio de personajes extremos y tramas exaltadas, con acción continua y diálogos lacónicos, contagiados por la aridez del paisaje. Un pilar básico de esta filmografía, Clint Eastwood inspira la personalidad del protagonista. El cuento no es sólo un homenaje al western sino una muestra de excelente resolución argumental. La elaboración de José María Merino insiste en el análisis lógico de lo real. El pensar cartesiano razona sobre la proliferación de artilugios impulsados por el vapor y los efectos de su empleo diario en el ser colectivo; la evolución tecnológica revoluciona el sentido del tiempo: llegan la prisa y la deshumanización. “London Gardens” el relato de Juan Jacinto Muñoz Rengel supone la existencia de vida inteligente en el planeta Marte y el estudio científico de muestras plantea interrogantes capitales, como la naturaleza de otras vidas y sus caracteres científicos. El estilo documental del cuento sugiere un tono científico. Andrés Neuman anticipa un futuro de autómatas, perros digitales y tiendas virtuales para una cuenta atrás en la que el planeta inicia un regreso, tras un atentado terrorista global, que lo reinstala en la amanecida de la imprenta. La destrucción de un modo de vida obliga a una refundación que soporta una pautada selección natural de la que no está exenta la cultura y el libro escrito, que multiplica sus efectos propagadores. El ambiente decimonónico de los barcos de vapor del Mississippi empapa la propuesta de Fernando Royuela. Su cuento, “Flux” mexcla episodios históricos de la guerra carlista, anédotas de tahúres que apuestan todo a la incertidumbre del naipe y la sorprendente presencia de artefactos a vapor, impulsados sobre el cauce del Guadalquivir.  Luis Manuel Ruiz firma el relato “Dynevor Road” cuya trama encara una indagación en la locura, esa enfermedad que cobija los misterios del alma y los espasmos de la inteligencia. Una extraña máquina para la experimentación tiene efectos nefastos en los científicos que la emplean. El accidente genera una desolación que unifica el pasado y el presente. En “Aria de la muñeca mecánica”, Care Santos propone un largo viaje al mundo de los deseos cumplidos a partir de la llamativa colección de autómatas, concebida para el espectáculo y para satisfacer los requerimientos de los usuarios en su búsqueda de la felicidad. José Carlos Somoza opta por el formato epistolar. La carta “That way wadness lies”, una expresión que W. Shakespeare utiliza en El rey Lear sugiere dónde reside la locura y se convierte en una ordenada exposición sobre una peculiar cámara fotográfica que retrata espíritus y somete a quien la emplea a experiencias extremas de contemplación de espectros móviles. Ecos al fondo de los mundos de Lewis Carroll.  Una historia de vampiros es el relato seleccionado de Ignacio del Valle. En el tiempo de espera para actuar sobre una nueva víctima, Marcio indaga sobre la relación diaria de los seres humanos con la angustia y la erosión del cuerpo, en un terco proceso que nunca se detiene. Corresponde a Pilar Vera un cuento sobre la madurez, sobre esa actitud que desconfía del progreso y su capacidad de transformación de tiempos y espacios reales. En un extraño estudio fotográfico un joven fotógrafo se afana en retratar fallecidos en su perfecta quietud; sin embargo las placas no muestran lo que ve. Cierra la muestra Marian Womack con un cuento sobre una experiencia bélica de hombres alados, barcos voladores y globos aerostáticos. Es la historia personal de un fracaso que intenta recomponer su existencia en otro espacio y que en su itinerario va recibiendo nuevas señales que lo conducen hacia un desolador destino final.
   Los textos de esta compilación comparten el optimismo sociológico de la revolución industrial y el afán expansivo de la época victoriana. El intelecto humano ha sido capaz de inventar la máquina y su uso generalizado hace posible un mayor dominio de la realidad. La máquina establece una relación de proximidad con lo imposible, ya sea un viaje al fondo del mar, la conquista interestelar o el ensanchamiento geográfico del planeta. La ciencia y la razón firman una alianza de progreso, así que ¡ más madera!

viernes, 18 de febrero de 2011

NUEVA LECTURA DE FÉLIX J. PALMA

                                                                                               
El mapa del tiempo
Félix J. Palma
Algaida, 2008

   Tras su espectacular crecimiento demográfico por la Revolución industrial, Londres se convirtió en arquetipo de la metrópolis. Es una ciudad de contrastes donde bulle la multiplicidad de la vida; no muy lejos de los barrios señoriales, regidos por inmutables tradiciones, surgen infectos laberintos para la clase obrera. En esa geografía Félix J. Palma localiza la trama de El mapa del tiempo, una voluminosa entrega reconocida con el XL Premio de novela Ateneo de Sevilla.
   Si el perfil más conocido del gaditano lo formaban sus excelentes colecciones de relatos, asistimos ahora al desarrollo de una fantasía histórica, un atinado homenaje a la ciencia ficción. En Viajes a la Luna el crítico y filólogo Carlos García Gual selecciona distintas expediciones imaginarias que tienen como meta nuestro satélite. Comprobamos que ha sido común en distintos periodos un prurito visionario empeñado en trastocar coordenadas espaciales y temporales. Luciano de Samósata sirve de precedente a Godwin, John Wilkins, Cyrano de Bergerac, Swift, Poe, Verne, o H. G. Wells. Félix J. Palma comenta que su libro es también un homenaje particular a la figura de H. G. Well, quien irrumpe en la trama como actor principal; se recuperan las peripecias biográficas más conocidas de una infancia que contagia desvalimiento y el renqueante caminar hacia una vocación literaria que logró excelentes frutos, casi siempre basados en el poder constructivo de la ciencia para cambiar la fisonomía del siglo.
    Pero El mapa del tiempo es sobre todo una novela de aventuras. El arranque describe la zozobra sentimental de Andrew Harrington, un personaje desclasado por amor que se adentra en el naufragio afectivo de Marie Kelly, inquietante belleza dedicada a la prostitución en los antros de Whitechapel. Ambos  transforman la sordidez en ternura. El encuentro no puede liberarse de lo contingente. Un rastro de asesinatos -es inevitable otro inquilino tétrico del sensacionalismo londinense- pone en escena a Jack el Destripador. El asesino en serie transforma el romanticismo en pesadilla. El deambular de Marie Kelly se sumerge en un fatalismo resignado que empuja a Andrew a buscar una alternativa en la que pone en juego su prestigio social y el aprecio de su familia.
   Ya es tarde y la prostituta será la nueva víctima. De esa muerte se deriva un largo extravío. La única manera de recuperar a la amada es viajando en el tiempo en sentido inverso. Ese es el debate abierto por el libro de Wells; si hay un artilugio que hace posible el periplo al futuro, se puede cambiar el rumbo de los acontecimientos adentrándose en el pasado. De ahí la búsqueda necesaria del escritor emprendida por Andrew Harrington y su primo.
    Otro huésped ilustre de El mapa del tiempo es el Hombre Elefante, cuya insólita fealdad ha sido rescatada de los escaparates cirquenses. Alojado en centros hospitalarios se ha convertido en cortertulio de una élite social que tras superar su aterradora deformación ha de descubrir la verdadera identidad del monstruo. La sensibilidad del Hombre Elefante es otro guiño a los lectores de Wells; coincide con la de Weena, una de las más logradas presencias de La máquina del tiempo, un ser primario y frágil, capaz de difundir los sentimientos más elevados, aunque esté condenado a un papel secundario.
   En el tramo de cierre, junto a H. G. Wells, habitan los capítulos  dos contertulios ilustres de las estanterías, Henry James y Bram Stoker. Es otra vuelta de tuerca; parece que la literatura es la única energía potencial capaz de resolver los cortocircuitos de la corriente temporal. El narrador omnisciente, que de vez en cuando regala opiniones propias, justifica estas presencias porque las bibliotecas son la memoria del mundo. Esta reflexión concede a la literatura carácter simbólico. El escritor es una autoridad moral por su compromiso social; es el muro contra el olvido.
    La columna vertebral del género de aventuras es el escamoteo de lo previsible; se suprime por insulsa toda relación de causa-efecto; Palma hace suyo ese principio a través de una sucesión de acontecimientos siempre regidos por el factor sorpresa, respetando la verosimilitud de la lógica narrativa.
   Para mantener la consistencia del interés Félix J. Palma emplea el recurso cervantino de engarzar historias subalternas en el progreso de la trama central. La autonomía de cada relato está dispuesta con morosa sabiduría, sin que en ningún caso parezca un aderezo forzado;  de este modo la novela se convierte en una ficción utópica en la que se destacan imaginación, rigor constructivo y brillantez de estilo, cualidades propias de un excelente novelista.