lunes, 11 de noviembre de 2019

LA GRIETA





LA GRIETA

   Con terco sosiego, inadvertida, la grieta se adhirió una mañana a la pared frontal del dormitorio. Cuando la descubrí era solo un hilo negro, un poso de sombra. Poco a poco aumentó su tamaño hasta convertirse en grafía desapacible. A través de su trazo puede verse un paisaje cambiante que en los días ventosos deja en el dormitorio arenas y hojarascas, ramas leves, esquejes de rosales.
   Sobre la pared, la grieta sigue aumentando. Concede a mis sentidos la fugaz sensación de abarcar todo. Hoy, al despertar, mostraba la aletargada arena del desierto.

(De Cuentos diminutos)




domingo, 10 de noviembre de 2019

EL OTRO

Distancias
Imagen
de
Pictame.com


EL OTRO

Le conozco muy bien, sé lo que piensa
-por más que la certeza suene a pedantería-.
Ama cuanto yo amo y a menudo acostumbra
a confundir rutina y existencia;
como yo justifica el razonable precio
por encima del cual se vendería,
como yo gesticula, como yo decepciona;
si aparezco vencido él no oculta sus síntomas
de claro agotamiento y he de anotar
con cuánta diligencia
acude a mi llamada silenciosa.
Hablaría del amigo perfecto para el viaje.

Lo impide su manía de guardar la distancia.
Siempre está al otro lado del espejo.

                (De Población activa, 1994)



sábado, 9 de noviembre de 2019

SONIA CHOCRÓN. TOLEDANA / BRUXA


Toledana / Bruxa
Sonia Chocrón
Cubierta e ilustraciones interiores
de
Juan Vicente Gómez Landaeta
Kalathos Editorial
Madrid, España, 2019
 MUTACIONES DEL YO


  La voluntad creadora de Sonia Chocrón (Caracas, Venezuela, 1961) expande una sostenida convivencia de géneros. Aglutina novelas, relatos, guiones de televisión y cinematográficos, y completa quehacer con una amplia dedicación poética. Tan extenso trabajo está refrendado por un largo inventario de premios. Su legado poético suma ahora, en el catálogo de la editorial Kalathos, dos salidas, Toledana y Bruxa, ambas integradas en un único volumen.
   Precede a los poemas de Toledana una mínima nota que alude a una leyenda medieval castellana, que serviría como fuente inspiradora de las composiciones. Raquel, una hermosa judía de Toledo, capital por entonces de las tres culturas peninsulares, inspira en el rey castellano Alfonso VIII una fuerte pulsión amorosa. esa relación trastoca el buen hacer del rey e impulsa la reacción del pueblo. Para eliminar el influjo que consume la voluntad del monarca, los vasallos deciden dar muerte a la hermosa muchacha.
   De tan romántico argumento se nutren los poemas del libro. Sonia Chocrón renuncia a la crónica sentimental para hilvanar la historia en primera persona, a través de una dicción, de corte sefardí antiguo, que retorna al ambiente de época. El monólogo dramático permite recuperar la identidad de la amada. En ella fermenta una intensa reflexión cuando el amor convulsiona, como si la intimidad moldeara una nueva naturaleza. Toledo, ese entorno urbano sobre el Tajo que aglutina  sinagogas,  mezquitas y templos cristianos, se hace escenario cómplice; parece que las piedras tuviesen alma y comprendieran que el cauce sentimental vivifica y llena los sentidos de transparencia. De ese estar toma conciencia la voz del poema: “Soy Raquel de las cumbres de Toledo / la amamantada con leche y miel / casa fértil ya bendicha por las madres / ancestrales de mi fe….”. Los versos describen un ánimo en revuelo, que deja alas a la pasión. Ese estado contradictorio aliña tristeza y alegría, agua cautiva y manantial remansado.
   La escritora divide el avance argumental en tres tramos; si en el primero la voz de Raquel relata con emotivo afán el despertar de la semilla del deseo, el segundo apartado, con cita prologal de El Cantar de los cantares,  mitiga el tono sentimental para clarificar el pensamiento y los efectos de la temporalidad en el muro sentimental. Es hora del encuentro para que el abrazo encuentre suelo fértil, aunque deba ser motivo de escándalo. De esa contradicción entre la fuerza pasional del cuerpo y la voz de la razón, que avisa preventiva, afloran sensaciones de soledad y angustia que rompen el sosiego: “Yo te inquiero alma mía / huésped de mi cuerpo caprichoso / ¿No sabes que no puedes? / ¿No sabes que no debes?”.
  La sección de cierre se abre con dos versos de Gabriel Bocángel. Como si el destino quisiera cumplimiento y razón en el estar, la desazón anida en las palabras. Sin la plenitud confirmatoria del amor, Raquel se siente un cuerpo a la intemperie, una voz dubitativa que explora rumbo entre la sombra, que firma pactos con la finitud como si la muerte se adelantara y solo fuera posible la conmoción del amor en la oscuridad. No hay consumación sino celda de reclusión, camino hacia el largo destierro del final. El amor renacido y fresco es solo evocación y deseo, un comienzo imposible.
   Publicado por primera vez en 1992, y finalista del premio Internacional de Poesía Juan Antonio Pérez Bonalde, Toledana es una celebración de la inocencia, un canto al amor que recupera el verbo dormido de la lengua sefardí para dar al sentimiento, más allá de las normas jerárquicas, de la diferencia de fe, o de la posición social, un protagonismo en primer plano.
   La incomprensión social de la experiencia amorosa –aunque apenas se manifiesta en el poemario, más allá de algunas reflexiones del yo poético- el fracaso emocional y la aridez del estar solo generan una fuerte mutación en el relato lírico. La inocencia se transforma en sombra. Ese cambio vislumbra, veintisiete años después, un nuevo poemario, Bruxa, en el que se refugian las aristas más desapacibles de la conciencia, como si asistiéramos al advenimiento de alguna plaga bíblica. La hermosa muchacha es ahora la bruja, la hacedora de ritos que siembran dolor y miedo. Así lo corrobora en el espejo la voz conforme  de quien se muestra ante sí misma: “Pertenezco a un ejército de infames / metódicos / Vivimos agazapados observando / en nuestros resquicios / para que los buenos / no huelan nuestros nervios.”
  La perspectiva ética de Bruxa traslada los poemas a la dicción del presente, lo que enriquece los niveles de lectura. Ya no es solo el fluir de un relato emotivo individual que muestra su orfandad sino la atmósfera de grisura de un presente desapacible que  llena sus resquicios de derrotas e inconformismo: “Esta es mi ciudad / Una villa fantasma / Un valle impuntual / perra callejera / Tus basureros / Tu estiércol…”   La existencia se convierte en un fallido intento de entender el brumoso fluir del tiempo: “Penetro la oscuridad para entender / lo oscuro / Y rasgo el mal / para entender el mal”
   Así se va haciendo evidente en lo cotidiano un estado de desafección. Cada gesto evidencia los pliegues de la sombra, las voces callejeras del dolor, la ilusión del amor hecha jirones, como si padeciera un hechizo, o habitara un infierno doméstico que no dejará sitio a la claridad de otro futuro.
   Uno de los poemas esenciales de Bruxa es “Sorcellerie”; da voz a una emotiva poética sobre la utilidad de las palabras y su función esencial: “No escribo poesía / solo voy al estanque de las palabras y escojo / nuevas, o viejas y olvidadas / y las junto como si ensartara un abalorio / de muchas cuentas / y ambiciones / Mundo, hombre , amanecer / Cielo, hambre fin / porque todas mis fórmulas mágicas / y líquidos, hilados y envueltos / están en mi lenguaje” Otra vez el lenguaje se plantea como elemento esencial del sujeto. Es el catalizador adecuado para trazar los límites de  pensamientos y percepciones en la suma vital.
   En ese estar en la sombra, la memoria mitiga la sed y recupera los hilos de luz de un tiempo áureo, cuando el amor era la clave básica de la identidad. En el poema “Mutaciones” leemos: “No siempre fui yo / la infiel / Una vez fui otra / en un tiempo lejano…” Siempre la condición básica del existir es la finitud, todos estamos abocados a un caminar transitorio que también sobrevuela sobre sentimientos y emociones.
  En los poemas de Toledana y Bruxa Sonia Chocrón convierte el sentir amoroso en un Jano bifronte. En su poesía, la calidez del sustrato intimista se hace rumor de nieve. Constata que lo más hondo del yo confidencial también es materia expuesta a la intemperie; amanecida que en el instante del comienzo ya contiene la opacidad fría de la noche.

JOSÉ LUIS MORANTE
         

viernes, 8 de noviembre de 2019

ENEMIGOS LEALES

A solas
Fotografía
de Internet

LOS HECHOS CONSUMADOS


   Gracias a mi torpeza,
al cómplice silencio de los días lluviosos
y a los buenos oficios de enemigos comunes,
has conseguido un odio a la medida;
apenas se vislumbra.
Surgen imperceptibles
las miradas oscuras, asesinas,
en las cosas que amo;
el sonido quebrado de una cuerda vocal
ofertándome aliento;
el brillo delator de tu pupila
en mis desolaciones.

   Nada que objetar: eres libre y eliges.
Sabes muy bien qué ganas o qué pierdes.

                      (De Enemigo leal (Sevilla, 1992) 






jueves, 7 de noviembre de 2019

PUNTO CIEGO

Interruptor
Fotografía
de
Internet
PUNTO CIEGO

 Metódico en la queja, como el espasmo de una brisa fría, recorrió los años explicándose a si mismo que aquella lámpara, cobijada entre telarañas y polvo, se había fundido.
  Era el cuarto al completo un punto ciego. Ninguna inteligencia práctica pulsó nunca el interruptor.

(De Cuentos diminutos)  


miércoles, 6 de noviembre de 2019

JOHN KINSELLA. EL SILO. Una sinfonía pastoral

El silo
Una sinfonía pastoral
John Kinsella
Traducción de
Katherine M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez
La Garúa/ Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2019

SINFONÍA PASTORAL

   El quehacer editorial de La Garúa en su nueva singladura abre ruta a otros ámbitos literarios. Muy grata sorpresa resulta descubrir en su catálogo de novedades El silo. Una sinfonía pastoral, el más conocido poemario de John Kinsella (Perth, Australia, 1963). La entrega despertó una notoria afinidad crítica, como hito central en su actividad creativa, cuando se publicó en 1995. Hay un dato más que avala la calidad del escritor australiano; fue el desaparecido crítico Harold Bloom quien seleccionó y escribió la introducción del periodo poético de amanecida de John Kinsella en el volumen Peripheral Ligt (2004).
  Al leer el subtítulo, resulta inevitable el eco de la Sinfonía Pastoral de Beethoven, esa obra de sensaciones que acumula recuerdos de la estancia en el campo y que hace de la naturaleza una llanura de libertad expandida. También provoca una vinculación consciente con lo rural el sustantivo desnudo del título; el silo define el almacén de grano donde duerme la cosecha tras el ciclo estacional de la recogida.

  Nos hallamos ante un poemario de regreso al entorno afanoso del terruño y esa percepción cuaja en un estilo descriptivo, casi enfocado a la objetividad de la crónica. El epígrafe del primer apartado “Sobre el arribo a una casa desierta en lo profundo del campo” materializa el umbral a una forma de vida marcada por la soledad y la quietud, donde la contemplación convierte al sujeto en un receptor de los sentidos. El poema retiene lo observado, se hace refugio de elementos e imágenes que provocan espacios reflexivos y estados de ánimo. Como quien cierra los ojos para focalizar mejor las imágenes, los versos reescriben los rasgos del paisaje.
   El relieve campestre visualiza en el segundo apartado los ojos de la muerte como un contrapunto de los ciclos de labor. En el conjunto “De por qué talaron los últimos árboles a orillas del arroyo” son abundantes los ejemplos de fragilidad y finitud. Loros, conejos, serpientes, alimañas o árboles suman el tiempo crepuscular que hace de la existencia una estación final. Hay poemas que simbolizan los quiebros existenciales y adquieren un fuerte contenido simbólico. De ese nutriente nacen las composiciones enlazadas que evocan la niñez como etapa de asombro y la apertura de una mirada, primero fascinada por la caza y después avocada a sellar el cañón de la escopeta y a dejar el arma dormido en un rincón. Toda pulsión es también poda, como esos árboles crecidos en medio del prado que un día se cortan para dejar sitio a los pastizales.
   Si el renglón figurativo de John Kinsella nunca pierde su voz testimonial, resalta también en su trazado la fuerza de las imágenes; el preciso laconismo de la desnudez para dibujar cuadros visuales: “A pesar de su linfática naturaleza / la niebla aparece de súbito y extiende / su mortaja recia sobre la granja”. Desde esa opacidad llega la vida y los continuos incidentes domésticos, esas mínimas incisiones en el silencio del día, como el vuelo de una bandada de pinzones, que marca la azarosa navegación del tiempo.
   Siempre resulta llamativo en el poemario el afán didáctico de las titulaciones. En el tercer apartado, casi asoma un punto de ironía en el epígrafe del conjunto: “Beber en la cantina de un hotel campestre”. Todo el conjunto mantiene una sensibilidad celebratoria. Así se hace evidente en el tríptico inicial “de parranda”, donde las labores de esquileo concluyen ante la espuma rebosante de las cervezas. es una manera de sentir que la tierra respira mientras traza su propio periplo de barbecho, semilla, plenitud y cosecha.          
   El velado de lo biográfico concreto permite al poeta sincronizar con la voz colectiva. Los poemas dejan sitio a las facetas plurales de lo cotidiano, como si fuesen cuadros habitados por lo múltiple. En El silo se yuxtaponen escenas que protagonizan personajes secundarios que alzan el muro de lo social. En ellos conviven cazadores, esquiladores, moteros, jóvenes que rebuscan envases entre la chatarra o esas presencias femeninas que tienen una insólita fortaleza masculina.
   Anarquista, vegano, pacifista y practicante asiduo del ecologismo, John Kinsella  hace de su ideario poético una lente que acerca al medio ambiente, que despoja a las composiciones de aderezo culturalista, que busca difundir argumentos donde se oye el latido de una forma de vida que ya pide el regreso 

   

martes, 5 de noviembre de 2019

VIDA LABORAL

Campo de otoño
(Sierra de Gredos, Navadijos, 2019)
Fotografía
de
Rubén Sánchez Santana

VIDA LABORAL 



Esos amigos que parecen puzzles en los que no encaja ninguna pieza.

Un anclaje en el agua.

Queda la versión íntegra de su historia personal. Nada con un fondo gris.

Solidaridad de papelera, que deja sitio de inmediato a todo lo que sobra.

El topo defiende la semejanza cromática.

Solo percibe las palabras propias. Las voces ajenas son ruidos abruptos.

Me dedicó en seis meses tres adjetivos, dos adverbios y cuatro preposiciones. Un despilfarro austero.

(Aforismos de otoño)