sábado, 31 de mayo de 2014

RAFAEL BARRETT. TRAZOS.

Reflexiones y epifonemas
Rafael Barrett
selección, edición y prólogo de
Cristian David López
Renacimiento, Sevilla, 2014

UN AFORISTA ETICO
 
  Como senderos intactos que se borran cuando dejan de transitarse, convertidos en campo abierto, los escritores sufren la erosión del tiempo o acaban diluidos en las notas de pie de página de manuales amarillos. El rescate de los olvidados por la cronología literaria tiene mucho de reivindicación y es un acto de justicia.
   Cristian David López (Lambaré, Paraguay, 1987), poeta y narrador asentado en Oviedo, es el responsable directo de esta amanecida en Renacimiento de Rafael Barrett, cuyos avatares biográficos conectan con la bohemia, el modernismo y, tras su exilio en Latinoamérica, con el mapa cultural paraguayo en el que tuvo un notable papel galvanizador. El prólogo recoge de forma ejemplar un itinerario que, tras ser reconocido y jaleado por sus coetáneos, cambió de rumbo por contingencias que provocaron el abandono del país y una pérdida del lugar.
  El meditado acercamiento de Cristian David López instala en la memoria la travesía de Rafael Barrett desde su nacimiento en Torrelavega (Cantabria) en el año 1876. Tuvo una amplia formación intelectual y una continua presencia social, junto a renombrados protagonistas de la época. Una acusación judicial determinó el quebrantamiento. Abandonó España para asentarse primero en Argentina y más tarde en Paraguay donde trabaja como corresponsal de prensa. La situación del entorno radicalizó ideas y acrecentó sus continuas denuncias contra el gobierno de la dictadura. La salud estos años se debilita, aunque llevará a cabo una intensa labor hasta su muerte en 1910.
  Reflexiones y epifonemas compendia su labor aforística. Incluye los textos reflexivos del autor y además trazos dispersos en su obra que pueden considerarse apuntes del género. En los aforismos de Barrett es esencial la curiosidad de intereses, aunque sobresale la mirada ética. El acercamiento crítico al entorno percibe disonancias graves y por ello sus “reflexiones” postulan el epitelio de una realidad en la que se advierten fracturas.  El lenguaje preciso y directo de “Reflexiones” muda en “Epifonemas”, una zona creadora que exige un desarrollo argumental más amplio; los textos adquieren un enunciado argumental o, por momentos, se aproximan al cierre conclusivo de las fábulas, como si fuese preciso descubrir un sentido didáctico. Es verdad que el epifonema, como figura retórica, tiene como efecto principal el subrayado de una idea anterior, sobre todo a partir de una exclamación de cierre, pero esta norma retórica no supone para el escritor un reducto dogmático y emplea el epifonema con un carácter bastante amplio, en el que caben la parodia, el humor, la crítica o la secuencia costumbrista.  
   Barret percibe el acontecer como un concepto movedizo y cambiante y convierte a su literatura es un estado de alerta, dispuesto a percibir su carga paradójica y a dejar sitio a sus pensamientos sobre un único tema: el hombre. 

viernes, 30 de mayo de 2014

CALA.

Ibiza, 2014

 
 
CALA
 
                                   para Adela, en el regreso
 
Motas de sol.
Jardín privado. Mar.
Aquí me quedo.
 
 
 

miércoles, 28 de mayo de 2014

SUSANA BENET. LA DURMIENTE.

La durmiente
Susana Benet
Pre-Textos, Poesía
Valencia,2013
 


DESTELLOS
 
   La dedicación de Susana Benet (Valencia, 1950) a la escritura de haikus y su práctica de la acuarela fortalecen una sensibilidad creadora impresionista y sensorial, atenta a los matices y al respirar pausado de un entorno repleto de sugerencias cromáticas. Autora de los poemarios Faro del bosque, Lluvia menuda, Huellas de escarabajo y Jardín, la lírica de Susana Benet, por su coherencia, ejerce un incansable impulso renovador de la estrofa japonesa, ya aclimatada a nuestra tradición; en efecto, nadie niega la potencia expresiva del haiku porque su mínimo formato se ha liberado de ser una poesía de estaciones y  aborda cualquier asunto.
  Emily Dikinson y Juan Ramón Jiménez, dos solitarios paradigmáticos en la entrega íntima y total a la propia obra, sirven de apoyatura inicial a su última salida, La durmiente, donde la autora se libera, por primera vez, del esquema formal japonés para firmar composiciones cortas, escritas siempre en verso libre. 
  La  apertura, “Como el vuelo” reflexiona sobre el ser germinal de la palabra. Llega inadvertida, como un impulso fuerte que requiere salida, y poco a poco adquiere la intensidad del canto. Los poemas nacen al paso, porque el entorno está colmado de estímulos. En “Quietud” los versos se asoman a esos enlaces que relacionan elementos dispares, por ejemplo un gato y un árbol, dos presencias cercanas compartiendo el silencio y la calma del acontecer.
  Los textos sugieren ventanas entreabiertas que hacen posible la contemplación; ante la mirada emerge un paisaje cambiante y encendido, cuya estela fugaz se desvanece; la palabra captura ese resplandor transitorio, intuye el vuelo de lo que acontece y en el pensamiento encuentran resguardo las humildes certezas del existir.
   El ideario estético de La durmiente recuerda al lector lugares de encuentro con itinerarios poéticos cercanos, como los protagonizados por Eloy Sánchez Rosillo, Antonio Cabrera o Antonio Moreno. Todos comparten con Susana Benet la tangible presencia del paisaje natural y la vinculación con una tradición meditativa de la que también formarían parte Francisco Brines y César Simón. La naturaleza crea una corriente anímica de aceptación; el silencio descubre el asombro feliz de quien percibe. Las cosas aparecen cercanas y entrañables, como señales que van jalonando el discurrir de la travesía vital.
   Luminosa y transparente, la poesía de Susana Benet desprende un aire de naturalidad abierta. En ella cabe intacto un boceto emotivo de lo real, un dibujo de lo cotidiano que trasciende la mera apariencia. Su voz ahonda en el conocimiento de la propia identidad a través de elementos referenciales que nos dejan en el umbral de su significado, en la cumplida víspera del canto.  

martes, 27 de mayo de 2014

EL BIÓGRAFO DE JORGE LUIS BORGES.

Jorge Luis Borges (1986-1899)
EL BIÓGRAFO DE BORGES

                                                                       Para Hugo Izarra,
                                                        por la música del atardecer

    Incansable labró durante una década una biografía ponderada de Jorge Luis Borges. Con libros y plumas se encerró en la buhardilla, ahuyentó compromisos y afectos, y desde la amanecida hasta el ocaso consultó ensayos, cuentos, poemarios, reseñas y esos panegíricos circunstanciales que glosan la jerarquía del argentino.
    Tras la enésima corrección de pruebas, se editó la obra. El biógrafo, satisfecho y exhausto, nunca más regresó a los esforzados renglones de aquel libro; era la perfección, el trabajo bien hecho.
   Sólo tenía una errata, una paradoja casual. El tenaz biógrafo confundió fechas; anticipó la muerte ochenta y siete años al nacimiento en Buenos Aires.
   Un lapsus ligero, perdonable, que no hubiese disgustado al mismo Borges.
 

lunes, 26 de mayo de 2014

EN EL PARQUE...

Parque del Retiro, Madrid

LOS PARQUES

            Para Hilario Barrero

Suelo ser yo
sentado en algún parque,
cautiva la mirada en el azul lejano,
releyendo los libros que reiteran
-qué duda cabe, con verbo más hermoso-
mis propios pensamientos;
pensando en ti
                      y en ti
                               y en ti,
datos baldíos
a implacable distancia
de lo que ayer nombraron;
recuperando huellas que confirman
que el viaje continúa,
ignorando el reloj, midiendo el tiempo
a saltos de gorriones.
Suelo ser yo, decía,
sentado en algún parque;
las otras veces me parezco.

    Población activa, Deva, Gijón, 1994

domingo, 25 de mayo de 2014

JULIO CÉSAR GALÁN. SIGNOS Y PÁJAROS.

Inclinación al envés
Julio César Galán
Editorial Pre-Textos, Valencia, 2014

 
SIGNOS Y PÁJAROS
 
   Nuevo lugar de encuentro. Me enfrento por primera vez con la poesía de Julio César Galán (Cáceres, 1978), a pesar de su bagaje creador y de sus sondeos en una identidad múltiple que ha creado heterónimos como el ornitólogo Luis Yarza, el vitalista Pablo Gaudet y la inconformista Jimena Alba. Así que me viene bien apoyarme en algunas entrevistas digitales y en el asidero del prólogo, una introducción de Juan Andrés García Román, firmada en el futuro, ese tiempo especulativo en el que apenas quedan indicios, con una zona cero para recordar que la tradición lírica murió por reiteración y agotamiento. Buen comienzo para alertar sobre una poesía que borra cualquier afinidad con una estructura argumental basada en el intimismo autobiográfico y que considera al poema como un ensayo sensitivo, una definición que amalgama en el verso reflexión metaliteraria y percepción, o lo que es lo mismo: razón y sentimiento. 
   Una nota inicial confirma el dilatado espacio de escritura de un libro que integra composiciones escritas entre 2004 y 2013 y que es sólo un vértice de una trilogía, conformada por las entregas Tres veces luz y  Márgenes. Sólo queda, tras las citas de apertura estar atentos a la respiración del poema que nunca se concibe como meta final sino como una obra abierta a las variantes, en el que tienen sitio marcas textuales que sugieren otros itinerarios, otros puntos de fuga.   La poesía de Julio César Galán nace desde la indagación, no es un reencuentro con las pavesas preservadas en la memoria; por eso es una lírica de interpretación compleja para la subjetividad del receptor. El sesgo enunciativo del discurso no crece en línea recta, a través de un avance cuya brújula es un soporte anecdótico; los versos buscan imágenes - el pájaro es un símbolo reiterado-que confían en la sugerencia y en la imprecisión: “No era un día más en la tierra, / las manos difuminan tanto sus formas / que deshacen sus bordes. / la claridad es siempre una presencia, / ha dejado de ser una abstracción, / ya puedo acariciarla “.
  El ser del poema nace de lo que se intuye, es una forma abstracta que resalta su presencia y genera una fuerza expansiva, un impulso que traspasa lo concreto para definir una filosofía que consiga entender el misterio de espacios y tiempos.   En las notas finales el poeta adopta la identidad del erudito para abrir nuevos significados. El material glosado es muy diverso. Se clarifican pormenores del taller de autor citando versos excluidos y se citan textos complementarios que fueron detonantes poemáticos; en último término, las notas sugieren una faceta más del poemario a través de la prosa con definiciones muy precisas como la que sigue: “Soy Inclinación al envés, libro de poesía que gira en torno a lo invisible y trata de hacerlo visible.  Que expresa –por decirlo rápido- la forma del vacío, que es indecible, y nos la devuelve convertida en ruptura e imprevisibilidad”.
   En el publicitado contexto poético actual, Julio César Galán aparece como un raro que se resiste a una caracterización gregaria. No sólo porque puedan buscarse sus predecesores más en la lírica latinoamericana que en la hispana – Raúl Zurita, Eduardo Millán o José Watanabe…- sino porque su poemario conecta con sensibilidades poéticas singulares como Julieta Valero, Yaiza Martínez o Juan Andrés García Román. Su poesía da forma a los interrogantes de la conciencia, sondea paradojas en las que el yo solitario coteja cicatrices y, al mismo tiempo, percibe la epifanía del amor, un pájaro simbólico que aletea en la luz.

sábado, 24 de mayo de 2014

PEDRO OJEDA ESCUDERO. PAVESAS.

Echo al fuego los restos del naufragio
Pedro Ojeda Escudero
Fotografías de Javier García Riobó
El brut de los corazones solidarios
Béjar, Valladolid, 2014

 
PAVESAS

  La notable difusión digital del blog “La acequia” ha trazado un claro perfil intelectual del profesor universitario Pedro Ojeda Escudero. Desde hace unos años, sus entradas en la red son un impulso continuo de lectura y un soliloquio reflexivo sobre los titulares de la actualidad. Ahora presenta su segundo libro, Echo al fuego los restos del naufragio, que aporta en la edición con fines solidarios, junto a sus textos en verso y prosa, las imágenes de Javier García Riobó.
  No cuesta mucho enlazar la semántica del llamativo título con la sensación de agravio que genera un tiempo detestable. La incontenible crecida enloda un estuario de crisis individuales y sociales ante un futuro incierto que anula alternativas e invita a la deriva de soluciones individuales y reaccionarias.
   Desde este mirador de angostura, Echo al fuego los restos del naufragio supone una indagación autobiográfica de quien pretende saber las causas del naufragio con la lucidez de oír respuestas que no aboquen al desamparo o a un litoral de pesimismo nihilista y sombrío.
  Se ha escrito demasiadas veces que la poesía no sirve para nada, salvo para conocerse mejor; por ello el profesor Ojeda Escudero arranca su periplo indagatorio con un poema de partida: “Tras buscar un alma en ellos, / echo al fuego los restos del naufragio”. Con ese tono directo y enunciativo, sin hermetismos, los versos describen un entorno aterido donde lo temporal agita las tercas huellas de lo vivido. Las cosas no tienen alma, pero hablan de quien dejó en sus formas el tacto y la caricia.
   La historia cultural, desde Grecia, ha hecho del hombre medida de las cosas, así que resulta lógico abordar los efectos de la crisis en la epidermis del protagonista verbal. El parte de estragos y las manchas sombrías en la fachada de lo cotidiano son argumentos de otros tantos poemas que transmiten el clima de fragilidad vulnerable; así lo percibe la sensibilidad individual.
  La lectura de lo real nunca es continua; se hace con secuencias al paso en las que se alojan vivencias que van marcando la mirada. Somos para la muerte y esa finitud del cuerpo va ausentando presencias que durante mucho tiempo fueron refugio y compañía. Azaroso e imprevisible, el final de ciclo deja su rastro de hospitales y dolor, su dignidad escrita en el silencio de quienes contemplan los últimos latidos y su indefinición sobre el destino de cualquier existencia.
   Ninguna biografía traza una línea coherente; todos consumimos senderos que nunca despejan el horizonte, que suman desplazamientos de ida y vuelta o itinerarios sin estaciones finales. Pedro Ojeda Escudero describe su particular recorrido por la incertidumbre, con el lirismo de quien sabe que en algún recodo está la amanecida, un sitio de claridad y tierra firme que borrará los restos del naufragio. Que aventará pavesas.